viernes, 20 de junio de 2014

La maldición del campeón (mundial)

Mauro Ramos elevando al cielo la Jules Rimet
¿Recordáis cuál ha sido el último campeón del Mundo en repetir título en la edición siguiente? Tenemos que remontarnos medio siglo hasta el Brasil sideral de Pelé, Garrincha, Zagallo, Vavá, Djalma Santos, Didí y compañía que entre 1958 y 1962 lograron lo que hasta entonces tan solo había hecho Italia entre 1934 y 1938. Una competición que se disputa en apenas un mes cada cuatro años puede haber provocado muchas variantes en cada participante, como de hecho sucede si comparamos los bloques de los 32 seleccionados, que en su mayoría muestran una gran variedad de caras nuevas.

Siendo esta la 20ª edición de la Copa del Mundo, ¿seríais capaces de recordar cuál fue la última selección que siendo campeona llegó a la siguiente final? En este caso no tenemos que remontarnos tan lejos, ya que fue Brasil en 1998 la última en lograrlo (venció en USA'94), si bien la Francia de Zizou les pasó por encima el día en que Ronaldo Nazario sufrió convulsiones horas antes del decisivo encuentro.

¿Y desde entonces? Desde entonces levantar la preciosa copa sigue representando el momento cumbre para un combinado nacional, pero su defensa se está convirtiendo en un auténtico martirio. En los cuatro Mundiales que llevamos disputados en el Siglo XXI ningún campeón ha salido bien parado, ocupando Brasil el tope al caer en 2006 en cuartos de final ante Francia, a la postre subcampeona. Su derrota, debida a su despiste antológico de Roberto Carlos, llegó tras una defensa digna del título ante un gran rival. Pero del resto no se puede decir precisamente lo mismo.

Vamos con el repaso a las calamidades, todas ellas con acento europeo. Francia llegaba a Korea & Japón en 2002 tras proclamarse campeona en casa además de obtener posteriormente la Eurocopa disputada en Holanda y Bélgica. Un mes antes Zidane había anotado el que posiblemente sea el gol más bello de las finales de Champions League. Henry estaba como una moto y los Vieira, Trezeguet, Thuram o Barthez seguían vigentes. Eran favoritísimos, por lo que superar la primera fase no debía haberles reportado muchos dolores de cabeza. Pero una competición tan corta puede esconder demasiadas trampas, siendo su grupo mucho más complicado de lo que parecía a priori.

El inolvidable Papa Bouba Diop vivió el gran highlight de su carrera anotando el gol con el que Senegal, debutante y cenicienta, dinamitó el partido inaugural para permitir que los africanos sumasen la victoria ante la estupefacción generalizada. En el segundo encuentro los galos no fueron capaces de batir tampoco a Uruguay, con la que empataron a cero. Finalmente pese a que Roger Lemerre alineó a tres delanteros de inicio (luego entraría un cuarto) ante Dinamarca los franceses se marcharon a casa derrotados 2-0 y sin marcar en sus tres envites. Insólito.

Ocho años más tarde sería Italia la que repetiría papelón, quizá menos excusable al encontrarse en un grupo objetivamente más sencillo. Eslovaquia, Paraguay y Nueva Zelanda eran los acompañantes de la Azzurra, una terna asequible para un conjunto de su enjundia. El primer choque deparó un 1-1 ante los guaranís de Gerardo Martino, con un futuro brillante por delante aquel año (y el siguiente, ya que alcanzarían la final de la Copa América). Era el rival de mayor potencial, por lo que el traspiés no se consideró grave en modo alguno, más aún al darse empate también en el otro encuentro entre sus adversarios.

El genial Di Natale nunca tuvo suerte con la Azzurra
Lo grave llegó en la segunda jornada. Italia no fue capaz de superar el 1-1 ante una disciplinada Nueva Zelanda (única invicta en aquel Mundial), por lo que llegaba a la última jornada con la necesidad imperiosa de ganar a Eslovaquia, o al menos no perder y que lo hicieran los oceánicos ante Paraguay. Total, los transalpinos salieron campeones en España'82 tras empatarlo todo en la primera fase... pero esta vez no sonaría la campana. Eslovaquia les venció 3-2 obteniendo el pase a octavos y sumiendo en crisis al combinado italiano, que volvía a casa hundido y como colista de su grupo, como Francia 8 años antes. Y como puede sucederle a España si no es capaz de ganarle a Australia, ya que tienen peor diferencia de goles que los aussies.

Queda por delante un Mundial precioso que acaba de sobrepasar su primer tercio de campeonato, con pocas certezas sobre cuál es el verdadero favorito pero la seguridad de divertirnos en lo restante. ¿Será capaz el heredero del trono español de defender su corona mejor que los anteriormente citados? Ello lo comprobaremos en Rusia 2018. Hasta entonces toca disfrutar.

lunes, 9 de junio de 2014

Danubio, un campeón imposible

Los jugadores de Danubio saltando sobre las copas conquistadas
Casi un mes sin tomar café era demasiado. Por desgracia como ya comenté no hace mucho la vida de adultos no nos permite pasar por acá todo lo que querríamos, pero a pocos días del Mundial una historia nos ha conmovido: la final del campeonato uruguayo.

El que siga más o menos el fútbol charrúa sabrá del pésimo momento que pasan sus gigantes Peñarol y Nacional. Ambos hicieron una Copa Libertadores para el olvido, cayendo en primera ronda sin presentar oposición. Por contra Defensor Sporting sigue vivo en el máximo torneo continental, esperando para jugar las semifinales a la conclusión del Mundial. ¿Y el torneo local? Esta vez ha sido cosa de Danubio... y Montevideo Wanderers.

Mientras Danubio ha jugado Libertadores varias veces los últimos años e incluso ha festejado dos títulos en la última década, en Wanderers no saben lo que es ser campeón desde la época amateur, datando su último festejo del lejano 1931. Pero el Bohemio ganó los últimos 7 encuentros del Torneo Clausura 2014, llevándose además la tabla anual. Danubio, campeón del Apertura, les esperaba en semifinales con la esperanza de ganar para tener otra ocasión para optar por el título.

La semifinal tuvo claro color danubiano, ya que se impusieron por 3-0. Ello llevó a una final a doble partido, cuyo partido de ida finalizó con empate sin goles. Hasta ahí todo normal, pero el último encuentro tendría absolutamente de todo, y lejos de ser un tópico esto se cumplió a rajatabla. Pueden leer o pueden ver las imágenes, pero después de ver cientos (probablemente miles) de partidos en mi vida puedo asegurar que esta fue una de las definiciones más increíbles que he podido disfrutar.

Comenzó ganando Danubio con un gol de Sosa promediando el primer tiempo, si bien la expulsión de Velázquez en La Franja dio alas a su rival tras el descanso. Pese a sus ganas, Wanderers no encontraba el tanto del empate. Habían transcurrido más de dos encuentros y medio ante el mismo rival sin que sus delanteros acertasen a batir al portero danubiano. Para colmo de males una mala apreciación del árbitro dio con la expulsión de Bueno en el minuto 69, por lo que se igualaban las fuerzas sobre el terreno de juego.

El fatalismo invadía a la escasa pero animosa hinchada bohemia. Sin embargo una buena combinación en la frontal del área permitió a Riolfo (que llevaba pocos minutos sobre el terreno de juego) igualar la contienda. De ahí al final del encuentro llegó otra expulsión en cada conjunto, por lo que la prórroga que decidiría al campeón tendría a 9 hombres contra 9 con media hora por delante para dejarse el alma.

Las piernas pesaban. Hubieron algunos calambres pero todos seguían en pie pareciendo que en cada jugada se dejaban el aliento. Ya cada ataque parecía una contra pues había quien no recuperaba la posición. Así, una galopada de Riolfo sirvió el balón a Albarracín para que éste la colocase dentro del arco a punto de concluir la primera parte del tiempo reglamentario. En ése momento Wanderers era campeón por primera vez desde la inclusión del profesionalismo en Uruguay. El primer título desde hace más de 80 años, algo que quizá no recuerde ni el más viejo de sus hinchas (si es que alguno sigue vivo desde entonces).

Aún así faltaban 15 minutos por disputarse. La segunda parte del tiempo extra fue un correcalles. Danubio se volcó con más alma que cabeza, lo que permitió a Wanderers gozar de varias contras cada vez más claras. Los últimos cinco minutos de juego ya son parte de la historia feliz de unos y de lamentos eternos para otros. Wanderers gozó de 3 ocasiones clarísimas, alguna incluso con más de un jugador contra el portero rival, pero las desperdiciaron por puro egoísmo. Y ello normalmente se paga.

Tanto fue así que en una jugada a la desesperada un balón llovido del cielo permitió a Camilo Mayada anotar un gol de tijereta en el 119' que dio alas a los suyos. Una vez más la justicia del fútbol se hizo presente: si perdonas lo pagas. Sin tiempo para más llegó el momento más dramático. Esperaban los 11 metros para decidir qué club uruguayo había sido el mejor del año. De poco valía todo lo anterior, ahora era una cuestión psicológica. E incluso la tanda fue mágica por su singularidad.

Danubio anotó los 2 primeros mientras Wanderers falló sus 2 primeros tiros. Luego Danubio falló y Wanderers volvió a errar. Parecía que el Bohemio desperdiciaba su última ocasión, pero nuevamente falló Danubio. El portero de Wanderers convirtió el primer penalti de su equipo para luego detenerle el 5º lanzamiento al rival. Y Riolfo empató la serie para llevarla a la muerte súbita. Danubio lo había acariciado mientras Wanderers se había repuesto de una muerte segura. Tocaba volver a empezar desde la muerte súbita, ésa que no da más oportunidades a nadie. Cotugno marcó para La Franja pero Albarracín erró el lanzamiento del Bohemio, proclamándose Danubio monarca por cuarta vez en una de las definiciones más locas e increíbles que se recuerden en los últimos años. Salud, campeón.